viernes, 17 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
Manifiesto
Pedro Montes
Ex Economista del Banco de Expaña y
Miembro del Frente Cívico Somos Mayoría .
Ex Economista del Banco de Expaña y
Miembro del Frente Cívico Somos Mayoría .
Por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana.
La dramática situación social y económica en la que está hundida nuestra sociedad exige una política capaz de crear las condiciones para salir de la crisis. Es una necesidad urgente. El tiempo se ha convertido en un dato primordial por los riesgos de agravamiento y degradación que existen, por el enorme sufrimiento social que provoca la persistencia de las políticas de ajuste, austeridad y privatización de lo público.
La red en la que estamos atrapados está conformada por un nivel de paro catastrófico, por un endeudamiento del país frente al exterior imposible de afrontar y por una evolución de las cuentas públicas que conducen a la quiebra económica del Estado. Más de 6 millones de parados, más de 2,3 billones de euros de pasivos brutos frente al exterior, y una deuda pública de casi un billón de euros, creciente y próxima al 100% del PIB, son datos que definen un desastre inmanejable, ponen en peligro la convivencia y derruyen derechos sociales fundamentales.
Una crisis de esta envergadura tiene causas complejas y múltiples, desde la crisis general del capitalismo financiero hasta el despilfarro y la corrupción propios, pasando por un sistema fiscal tan regresivo como injustamente aplicado, pero aun a riesgo de simplificar el análisis para desentrañar las soluciones, hay que atribuir a la incorporación de nuestro país a la moneda única la principal razón de esta desoladora situación.
Como ahora se reconoce, no había condiciones para implantar una moneda única entre países tan desiguales económicamente sin ir acompañada de una fiscalidad común. Su creación implicaba, por otra parte, un marco propicio para implantar políticas regresivas y antisociales de todo tipo según la doctrina neoliberal, que ha tenido en la construcción de la Europa de Maastricht su máxima expresión. Como se calibró en su momento, el Estado del bienestar no es compatible con la Europa de Maastricht.
Con la incorporación al euro, nuestro país perdió un instrumento esencial para competir y mantener un equilibrio razonable de los intercambios económicos con el exterior, como era el control y manejo del tipo de cambio con respecto al resto de las monedas. Por otra parte, hubo una cesión de la soberanía al BCE en cuanto a la creación de liquidez y aplicación de la política monetaria, una institución dominada desde los orígenes por los intereses del capitalismo alemán.
Como no podía ser de otro modo, el retraso y la debilidad de la economía española frente a otros países y la rigidez absoluta impuesta por el euro llevaron a lo largo de la década del 2000 a un déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente abrumador. Se registraron unos desequilibrios insostenibles, como también les ocurrió a otros países como Grecia y Portugal, apresados en la misma trampa. En los 14 años transcurridos desde la creación del euro en 1999 hasta el final del 2012, el déficit exterior acumulado fue de casi 700 mil millones de euros, que hubo de financiarse endeudándose con el exterior. Las entidades crediticias y las empresas españolas demandaron más de otro billón de euros de recursos para sus planes de inversiones en el exterior, principalmente en América Latina.
Hasta el año 2008, en que se desató la crisis financiera internacional, por las facilidades extraordinarias de financiación, el país vivió un sueño, como drogado, alimentando la burbuja inmobiliaria y ajeno a los problemas que se habían gestado. En ese año, todo cambió radicalmente, los mercados financieros se cerraron, por los canales no fluía la liquidez y la situación de cada deudor pasó a examinarse con rigor. Con el cambio abrupto en la posición deudora de nuestra economía frente al exterior, los pasivos brutos pasaron de 540 mil millones al final de 1998 a 2,2 billones en 2008, el país entró en quiebra y sobrevino una profunda recesión que a todos los efectos sigue vigente.
El sector público se resintió profundamente desde entonces, incurriendo en un déficit desorbitado por la caída drástica de los ingresos, reforzada por el estallido de la burbuja inmobiliaria. El Estado, sobre el que acaban descargando todas las tensiones de las administraciones públicas, ha necesitado de centenares de millones de euros, obtenidos con la emisión de deuda pública en los mercados interior y exterior, ante la imposibilidad de la financiación directa por la autoridad monetaria. Al final de 2007, la deuda en circulación del Estado era de 307.000 millones de euros, el 37% del PIB. Al final de 2012 había subido a 688,000 millones, el 65% del PIB, y sigue aumentando como corresponde a la evolución deficitaria de las cuentas públicas.
Desde que se admitió la crisis, la política económica ha tenido unos rasgos básicos inamovibles. La pérdida de competitividad de la economía española ha servido de excusa para aplicar a rajatabla las recetas neoliberales y se ha tratado de compensar con el llamado “ajuste interno”, un proceso dirigido a disminuir los salarios y facilitar los despidos para abaratar los precios de las mercancías y servicios españoles, desde el momento en que la vía natural e histórica de la devaluación de la moneda está cegada por el euro. Ajustes, contrarreformas laborales y recortes continuos jalonan la política de los últimos años. Por otra parte, la mal denominada austeridad se ha impuesto brutalmente en la política fiscal, como exigencia de los poderes económicos, haciéndose de la lucha contra el déficit publico el talismán engañoso de la solución a la crisis.
Esta política ha producido un retroceso social muy doloroso, ha impulsado inconteniblemente el crecimiento del paro y, lo que es fundamental, es inútil. El país se desliza sin freno y se despeña hacia una fosa profunda. Los determinantes de la crisis siguen intactos cuando no degradados. Los pasivos exteriores no pueden disminuir sin que se registre un excedente de la balanza de pagos, cosa prácticamente inalcanzable para una economía bastante derruida y de escasa competitividad, y la pesada carga de deuda pública no dejará de crecer hasta que se diluya el déficit público, algo que el propio gobierno no alcanza a vislumbrar. La desconfianza es general.
La sociedad en una encrucijada.
¿Cómo superar el desastre? La alternativa a la crisis que defiende la Troika y abiertamente el PP pasa por profundizar en los ajustes, en la austeridad y en la destrucción de lo público. La economía española, como ya le ha ocurrido a Grecia o Portugal, cae por el precipicio y se desfondará en el abismo, con unas consecuencias sociales dramáticas y riesgos políticos de todo signo.
El PSOE, copartícipe activo en el actual diseño económico y social, finge ahora un desacuerdo con el PP y critica su política suicida, pero sigue amarrado al criterio de que el euro es irreversible.
Las direcciones de los sindicatos mayoritarios, una vez contrastado el error de cálculo cometido con el sí crítico a Maastricht, denuncian ahora el actual estado de cosas, pero no están en condiciones de proponer medidas anticrisis realmente efectivas ya que no cuestionan con coherencia la Europa construida.
Otras fuerzas, organizaciones y autores de la izquierda critican la Europa actual y proponen cambios bastante utópicos y proyectos sin fundamento, dado el carácter irreformable de la Europa surgida, sobre todo después de la ampliación de la zona euro al Este. A las carencias originales de la moneda única se añade el peso que ha cobrado Alemania como país hegemónico y la realidad de una descomposición de Europa, aprisionados algunos países en deudas impagables. La imprescindible y urgente necesidad de romper con las ataduras de los Tratados europeos no puede paralizarse ni ocultarse tras propuestas de proyectos de otra naturaleza. Por deseable que sea otra Europa, es ahora inviable, requiere de bases en que sustentarse bien distintas y de la soberanía perdida de cada Estado.
El fracaso del proyecto de construcción de Europa es inocultable, con independencia de que no sea posible determinar cuándo y cómo se desbaratará la insostenible situación existente.
A los firmantes de este manifiesto nos parece claro que la Europa de Maastricht no podrá sobrevivir con su actual configuración, tras los desastres y sufrimientos que ha causado, además de vaciar de contenido la democracia y sustraer la soberanía popular.
También afirmamos que nuestro país no puede salir de la crisis en el marco del euro. Sin moneda propia y sin autonomía monetaria es imposible hacer frente al drama social y económico, tanto más cuanto que la política fiscal también ha quedado anulada con el Pacto de Estabilidad, alevosamente constitucionalizado.
Es precisa una moneda propia para competir y una política monetaria soberana para suministrar liquidez al sistema y estimular una demanda razonable. Y esto como primera condición ineludible, pero en modo alguno suficiente, para poder desarrollar una política avanzada de control público de los sectores estratégicos de la economía, entre ellos la nacionalización de la banca, de reconstrucción del tejido industrial y agrícola, de defensa y potenciación de los servicios públicos fundamentales con un poderoso y progresivo sistema fiscal, de amortiguación de las desigualdades y distribución de la riqueza, del reparto del trabajo para combatir el paro, de derogar las contrarreformas laborales y de las pensiones, de respeto en serio al medio ambiente, etc., y de abordar un proceso constituyente que permita recuperar y profundizar la democracia. Por todo ello hay que despreocuparse transitoriamente del déficit público, olvidarse de hacer propuestas imposibles al BCE y dejar de añorar a la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra cuando se puede disponer del Banco de España como institución equivalente.
El montante de la deuda externa es impagable. Su mayor parte es deuda del sector privado, y corresponde a sus agentes resolver los problemas que se presenten, incluido el sector financiero, muy comprometido. Por ello rechazamos toda operación de “rescate” de nuestro país y por la misma razón consideramos como deuda completamente ilegitima la contraída por el Estado para proporcionar fondos de salvamento a las entidades crediticias que no hayan sido nacionalizadas.
Con respecto a la deuda pública, el Estado debe realizar una profunda reestructuración de la misma (quita, moratoria, conversión en moneda nacional) que alivie la presión abrumadora que soportan las cuentas públicas. En otro caso, puede darse como irremediable la quiebra del Sector público.
No se nos escapan los problemas y complejidades de los pasos que proponemos, entre otros limitar la libre circulación de capitales. Tampoco nuestro análisis nos impide colaborar en acciones, propuestas y movilizaciones con aquella parte de la ciudadanía y sus organizaciones que, bajo el efecto del bombardeo mediático al que somos sometidos o por otros motivos, aún no comparte nuestra opción ante la encrucijada en que estamos y la necesidad de romper el nudo gordiano del euro. Sin embargo, ante el desastre que nos envuelve y ante las causas profundas que lo promueven y agudizan, no podemos mantenernos mudos ni evasivos. A nuestro entender, hoy la sociedad española, que ya ha entrado en una agonía prolongada y sin esperanza, no dispone de otra elección que salir del euro para impedir el hundimiento definitivo del país.
Recuperar la soberanía económica perdida, hacer efectiva la soberanía popular, requiere desprenderse de los dogales que nos paralizan, encarar la cruda realidad y dotarse de los medios para trazar un proyecto de supervivencia que, con todas sus dificultades, puede representar también una gran oportunidad para crear una sociedad soberana, próspera, justa, solidaria, democrática, ecológicamente responsable y libre.
Puedes firmar este documento en :
http://salirdeleuro.wordpress.com/martes, 14 de mayo de 2013
Julio Anguita en Málaga
Estimados compañeros,
Con motivo de la FERIA DEL LIBRO DE MALAGA, tendremos el inmenso privilegio de contar con Julio Anguita el Viernes 17 de Mayo. Ello se debe a que estará a partir de las 20:00h, junto con Carmen Reina, en el stand nº24 en el Palmeral de las Sorpresas (Puerto de Málaga) firmando ejemplares de su último libro "Conversaciones sobre la III Republica".
domingo, 12 de mayo de 2013
La revuelta de los privilegiados
Juan Rivera
En anteriores artículos hemos definido a la situación política,
económica y social que nos está tocando vivir en los últimos años
como “revuelta de los privilegiados”1
.Englobamos en el concepto las
actuaciones que la oligarquía dominante española ( al alimón con
la europea y mundial ) está llevando a cabo en todos los ámbitos de
nuestra vida y que tienen como meta un nuevo “contrato social”
que garantice ,sin discusión, su hegemonía de clase.
FCSM Córdoba
En anteriores artículos hemos definido a la situación política,
económica y social que nos está tocando vivir en los últimos años
como “revuelta de los privilegiados”1
.Englobamos en el concepto las
actuaciones que la oligarquía dominante española ( al alimón con
la europea y mundial ) está llevando a cabo en todos los ámbitos de
nuestra vida y que tienen como meta un nuevo “contrato social”
que garantice ,sin discusión, su hegemonía de clase.
Esta
apuesta combina el dominio
económico de un
capitalismo sin ataduras que rompe derechos sociales, laborales o
colectivos a través del trauma ( despidos, desinversión,
deslocalizaciones...) o el shock ( amedrantamiento colectivo ) y la
sumisión social lograda
mediante el control de las mentalidades por un pensamiento único y
excluyente.
En esta fase, ademas de pagar como sociedad la factura de la crisis
generada por los poderosos, traducida en recortes de todo tipo,
quieren que asumamos adosada la ideología del añejo liberalismo
doctrinario hispano.
Para conseguirlo son piezas
claves leyes como la Wert o de la estulticia ,
la de Gallardón o la falsa progresía y las otras que sin
duda vendrán. Todas en su
ámbito de aplicación – educación, aborto, canonjías a
empresarios...- suponen la vuelta al modelo de control que mejor les
ha funcionado en la historia contemporánea:
el nacionalcatolicismo.
Persiguen un diseño social en el que primero se crean las
condiciones de pobreza global y después se recomienda como paliativo
el rezo, la paciencia y la resignación. Sustituyen la Justicia por
la caridad.
El
paso previo:moldear las mentalidades insumisas. Nada mejor entonces
que cambiar la escuela pública,laica y - en la que tod@s
caben- por la escuela del adoctrinamiento.
Lo ven factible y lo llevan a cabo en sus laboratorios de
experimentación social ( comunidades de Madrid y Valencia a la cabeza
).Vacían de recursos a la enseñanza pública trasladándolos a la
enseñanza controlada por la Iglesia. A la par vuelven a incluir en
el curriculum académico de los centros que aún escapan al ideario,
la asignatura de Religión. Esta vez con mayor rango.
Todo unido a la aniquilación de las competencias profesionales de
un profesorado cada vez más ninguneado. Se trata de crear masas
de analfabetos susceptibles de ser utilizadas como mano de obra
barata, que no rechisten y que cuando coreen el “ si se puede”
estén pensado en evitar que su equipo de fútbol baje a segunda
división no en revertir las situaciones injustas.
Buscan
la vuelta de la mujer al mundo de la cocina y cuidado de los hijos
del que nunca debió salir. De ahí el control
de los úteros amparados en sus dogmas de fe,
la penalización del aborto. Obvian que ninguna mujer es obligada a
abortar y la que desee por cuestiones de creencias seguir adelante
con un embarazo no deseado lo hará sin ninguna cortapisa. Y que el aborto es un
drama para quien lo vive, no un capricho.
Han
trazado la línea. En el lado correcto,
el que cae a la derecha de Dios, están los privilegiados de siempre
y la cohorte de criados, esclavos y paniaguados que le hacen la ola.
En
el equivocado,
el populacho que de momento y hasta que inventen algo sustitutivo,
sólo es útil porque debe acudir a votar cada cuatro años y
hasta ahora siempre ha refrendado con sus papeletas las tropelías.
Ellos
tienen claro su objetivo. Nosotros deberíamos tener igual de nítida
la respuesta a las agresiones. Como punto de partida, articular
la Resistencia. No hacer
caso a los cantos de sirena que ponen sobre la mesa el “ ¿para qué
las movilizaciones, las huelgas, las protestas, si no sirven para
nada?”
Después
el Contraataque,
la impugnación total al sistema imperante pero alineando junto a los
“Noes” propuestas alternativas, que vayan de la petición de la
Renta Garantizada Ciudadana a los escraches por los Desahucios, de
las marchas organizadas por las Asambleas de parados a la
proclamación de la ilegitimidad de la Deuda pública.
El
PP es la encarnación del testaferro de la clase dominante. Pero como
decía Groucho Marx, “ si no le sirven tengo otros”. No olvidemos
que hoy los mandamases están aplicando su programa
de máximos, pero si la sociedad reacciona y los cuestiona
volverán, como han hecho tantas veces en la historia, a bajar el
listón, moderar sus pretensiones y presentarán una cara más
amable, travestida de izquierda, que preserve sus intereses.
Por
tanto la respuesta no sólo puede venir en forma de
contrapeso electoral si éste no
se ancla en propuestas programáticas claras, concisas e
irrenunciables.
La
actuación gubernamental del PP es ilegítima
en su origen. En primer
lugar, las medidas de ajuste y exterminio del Sector Público no
estaban en su programa electoral y por lo tanto no han sido votadas
por sus electores. En segundo lugar no pueden confundir una mayoría
absoluta de escaños propiciada por una Ley Electoral tramposa con
una mayoría absoluta social. Si estas afirmaciones son falsas
tienen una vía de comprobación rápida: convocando a los españoles
a votar.
No
debemos andar con medias tintas. Quienes quieran ser alternativa y no
alternancia deberían empezar a decir a la ciudadanía que todas
las leyes del PP se anularán en el primer minuto del cambio de ciclo
político. Que, por
ejemplo, la ley del Aborto volverá a ser de plazos y que en
Educación se apostará por la Pública y la desaparición del
sistema de conciertos con la salida de la Religión como asignatura
de la escuela y su anclaje en el ámbito privado del que nunca debió
salir. Así con todas.
También
proclamar que a las
Privatizaciones seguirán Nacionalizaciones.
Advirtiendo a las empresas que están haciendo negocio con el
desmantelamiento de la Sanidad o las prestaciones públicas que
actúan como peristas al adquirir propiedades que saben
producto de un saqueo, de un robo colectivo a la ciudadanía.
Lo que llamarán "expropiación" sólo será recuperación o
restitución a sus verdaderos dueños, todos nosotros.
Nos están aplicando desde hace años el refrán de “ A Dios
rogando y con el mazo dando”. Hoy se hace más necesario que nunca
devolver las creencias al mundo privado y que sean otras cabezas, no
las nuestras, las de siempre,quienes soporten las consecuencias de
las decisiones políticas de un Gobierno que, por una vez, mirase a
la inmensa mayoría de los ciudadanos.
1
Fase anterior a la etapa revolucionaria francesa en la que los
grupos privilegiados impusieron su “santa voluntad” al resto de
la sociedad sin tener en cuenta el daño que causaban ,
miércoles, 8 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
Acto Público en Villanueva de Algaidas
Noelia Durán Sierras
Coordianadora FCSM-Comarca Norte de Málaga
La segunda parte fue de
participación colectiva, muy constructiva, y en la que se plantearon dudas y
debates entre los asistentes.
En resumen, una jornada
motivadora y de las que dan ánimos a seguir caminando.
Muchas gracias a todos y
bienvenidos!
jueves, 2 de mayo de 2013
De la reforma laboral a la reforma penal: todos a la cárcel
Héctor Illueca
Doctor en Derecho e Inspector de Trabajo y Seguridad Social
Adoración Guamán
Doctora en Derecho y Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Doctor en Derecho e Inspector de Trabajo y Seguridad Social
Adoración Guamán
Doctora en Derecho y Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Las políticas de austeridad impuestas por la troika (Comisión
Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y
aplicadas por el Partido Popular están provocando una silenciosa
redefinición de las funciones del Estado progresivamente conquistadas
luego de un trayecto secular. De manera relativamente rápida, el Estado
reduce su intervención social al tiempo que refuerza los dispositivos
disciplinarios mediante la intensificación de su intervención penal.
Como si fuera una persona arrepentida de haber sobreprotegido a sus
hijos, el Estado neoliberal se dispone a tratar severamente a los
ciudadanos, criminalizando la miseria y elevando la acción penal a la
categoría de función pública prioritaria. De este modo, la cansina
apelación al orden público del Gobierno del Partido Popular constituye
el reverso inevitable de la normalización del trabajo precario y el
desmantelamiento del Estado de bienestar.
Veamos. El 10 de febrero de 2012 el Gobierno aprobó una reforma
laboral que consagraba el abaratamiento del despido y la desarticulación
de la negociación colectiva, con el fin de inducir un violento
retroceso salarial y un no menos feroz ajuste de plantillas en las
empresas. Transcurrido un año desde su entrada en vigor, las
consecuencias más dramáticas de la acción gubernamental encuentran
reflejo en los diferentes datos estadísticos: la Encuesta Trimestral de
Coste Laboral correspondiente al tercer trimestre de 2012 situaba el
coste salarial total por trabajador en 1.805,63 euros, un 7 por ciento
menos que en el segundo trimestre (1.939,73), mientras la última
Encuesta de Población Activa eleva el número de parados a un nuevo
máximo histórico, 6.202.700 personas, con una tasa de desempleo del
27,16% de la población activa.
Poco después de la aprobación de la reforma laboral, el Ministro del
Interior anunció la tramitación de una importante reforma del Código
Penal, cuyo principal objetivo parece ser reprimir y criminalizar las
crecientes protestas contra las políticas de austeridad. Esta
iniciativa, que ha merecido una severa crítica del Consejo General del
Poder Judicial, se encuentra actualmente en sede parlamentaria y, entre
otros aspectos, prevé que la resistencia pasiva a las fuerzas de
seguridad se considere como delito de atentado a la autoridad, lo que
podría abarcar una amplia gama de comportamientos hasta ahora no
penalizados: por ejemplo, realizar una sentada colectiva durante una
manifestación o encadenarse por los brazos para evitar un desahucio.
También se pretende tipificar como delito la difusión por Internet de
convocatorias violentas o que alteren gravemente el orden
público, lo que probablemente evoca, en la intención del Gobierno, la
manifestación acaecida el 15 de mayo de 2011 y las diferentes
movilizaciones que la sucedieron.
En nuestra opinión, ambas reformas están relacionadas entre sí y
suponen la culminación de un proceso iniciado en la década de los
noventa y orientado a la generalización del trabajo precario por medio
de la coerción política. O, por expresar la idea con mayor precisión, se
trata de sustituir nuestro modesto e incompleto Estado de bienestar por
un Estado penal que sea capaz de imponer el trabajo mercantilizado como
norma societal. La filosofía que subyace a este proceso es la de un
Estado crecientemente invasivo y represor de una población atenazada por
el desempleo y la precariedad laboral, que contempla atónita la obscena
tolerancia del poder con los abusos cometidos por los más privilegiados
de la sociedad. De este modo, el progresivo debilitamiento del Estado
social conlleva un crecimiento distópico del aparato penal, alumbrando
una sociedad cada vez más instalada en la violencia, la injusticia y la
desigualdad.
Ciertamente, las estadísticas avalan un incremento fulminante de la
población reclusa durante los últimos veinte años, coincidiendo con la
llegada a nuestro país del llamado neoliberalismo. Según datos del
Instituto Nacional de Estadística, entre 1990 y 2010 la población
penitenciaria española prácticamente se duplicó en términos relativos,
pasando de 85 a 160 reclusos por cada cien mil habitantes, lo que
implica un incremento superior al 90 por ciento. Es muy significativo
que la actual hipertrofia carcelaria haya despertado el interés del
Defensor del Pueblo, que en reiterados informes ha venido denunciando la
masificación y el hacinamiento de los presos como hechos que afectan a
la dignidad de las personas y constituyen una pena adicional no prevista
por el legislador. A la vista de tales datos, parece que debemos dar la
razón a Eduardo Galeano cuando afirmaba que, para dar libertad al
dinero, había que encarcelar a la gente.
Partiendo de esta base, la crisis económica que asola nuestro país ha
puesto sobre la mesa la imperiosa necesidad de criminalizar la miseria
para acelerar la transición hacia un Estado darwinista que se repliega
sobre sus primitivas funciones de mantenimiento del orden público, en
detrimento de su actividad tradicional en materia económica y social. En
una situación de desempleo masivo y precariedad generalizada, el
aparato penal se erige en instrumento imprescindible para someter a los
sectores insubordinados y reafirmar el monopolio del Estado sobre la
violencia institucionalizada. La mano invisible del mercado, tan cara a
la tradición liberal, encubre y disimula un verdadero puño de hierro que
concentra la enorme fuerza del Estado hobbesiano para imponer el
trabajo precario y recluir o amedrentar a los sectores insumisos del
naciente orden social.
Curiosamente, no es la primera vez que el liberalismo radical
defiende y estimula la creación de un aparato penal destinado a contener
las consecuencias deletéreas de la desregulación social y laboral. La
huelga, por ejemplo, constituye un fenómeno social percibido con
desconfianza por parte del poder político, que históricamente ha tratado
de imponer restricciones o limitaciones de variada naturaleza.
Recordemos que en una primera etapa era considerada como delito en los
Códigos penales europeos, prolongándose tal situación hasta bien entrado
el siglo XIX. El reconocimiento legal del derecho de huelga se produjo
posteriormente, tras una larga historia de violencia y represión de la
que el movimiento obrero fue especialmente víctima. Importantes
personalidades liberales como Lloyd George, Theodore Roosevelt o Walter
Lippmann, por citar sólo algunos ejemplos, invocaron y justificaron la
violenta represión de los trabajadores mientras defendían el principio
de intervención mínima en la economía.
Al igual que sus predecesores, los ideólogos neoliberales apelan
abiertamente a la violencia del Estado para reprimir o contener los
efectos devastadores del laissez-faire. En esta ocasión, sin
embargo, los destinatarios de la oleada represiva no son sólo los
sindicatos de trabajadores, sino también, y preferentemente, los
sectores populares que están protagonizando las diferentes luchas
sociales desencadenadas por la crisis: desempleados, estudiantes,
trabajadores precarios, hombres y mujeres que lo han perdido todo y
están viviendo esta época como un profundo terremoto social y cultural.
La anunciada reforma del Código Penal o el intento de criminalización de
los escraches protagonizados por la PAH son sólo una muestra de la
nueva doxa punitiva concebida para atenazar a las regiones inferiores de nuestro espacio social.
Ya no es posible ocultar que las razzias policiales observadas
en Valencia, Madrid o Barcelona persiguen objetivos políticos y
mediáticos, mucho más que judiciales. La respuesta gubernamental al
creciente y justificado enojo ciudadano es el recurso al uso
generalizado o la amenaza de la fuerza como medio de dominación. La
crisis de legitimidad se extiende a sectores cada vez más amplios de la
sociedad. Es muy importante que todos comprendamos que las políticas de
austeridad no sólo ponen en entredicho los derechos económicos y
laborales conquistados durante generaciones, sino también los derechos
políticos reconocidos al término de la dictadura. O, por decirlo con
otras palabras, la salida de la crisis que el Partido Popular está
tratando de imponer no sólo es incompatible con el Estado de bienestar,
sino también, y fundamentalmente, con la democracia.
Fuente : Diario Público
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